Buscar en este blog

lunes, 9 de octubre de 2017

De mi puño y letra


En estos patrióticos días de levantamiento de bandera,
yo apelo a tu mirada.

En estas turbias horas de apropiación indebida del lenguaje,
de señalamiento, de acusaciones infantiloides, de juegos de falsa bandera;
en estas sucias semanas de instrumentalización de las masas:
subrayo la libertad, de quien solo considera levantar la voz,
cuando el amor se ve amenazado.

Si no son felices con la paz no serán felices con nada.
Si para conseguir lo que anhela, esta civilización
sólo contempla la revuelta, poco han aprendido, me temo...
Poco meditan aquellos que se dejan llevar,
por discursos impregnados de rabia desesperada.

Cuando se trata de violencia, cualquier tiempo es poco,
la épica será subrayada por los años que precedieron al logro,
no por la sangre que salpicó la consecución del mismo.

No se engañen...no hay héroes ya, en esta sociedad renacida.
El que toma las calles es el pueblo, no el político acostumbrado después,
a salir exiliado con billete de primera clase;

No se engañen pues, los que crean ir directos al sueño deseado:
¿Cuantos murieron luchando por la tierra prometida y acabaron enterrados...?
Si tenemos boca es para hablar, y si existe democracia es para alcanzar
nuestras pretensiones por la vía racional.

No se engañen los que insultan, los que lloran victimizando,
los violentos que señalan las armas, que hacen doblar las campanas;
si preferimos el conflicto sólo por capricho de unos pocos,
es que no hemos aprendido nada;
en estos días de debilidad cerebral y políticos hormonados,
yo apelo a la paz de los que piensan:
No se engañen, si les obligan a conseguir lo que desean por el uso de la fuerza,
son ustedes escudo, y les aseguro que no es un héroe, sino un déspota,
quien les lidera.

En estos días de conflicto identitario,
yo me confieso residente en tus pestañas, nacido en cualquier año,
y natural de tu sonrisa.

martes, 11 de julio de 2017

Por dentro

Las aristas del vaso
devuelven sombras en la madera.
Negros y afilados espiritus que oscilan
bamboleantes cuando el vaso se eleva
y se vierte en mi boca.

Los hielos tintinean golpeando
el cristal que los contiene mientras el cálido elixir en el que se sumergen
penetra raudo en mi garganta.

Y con él bajan hacia dentro mis sueños,
con ellos bailan las ilusiones en espiral.
El niño que fui eleva la cabeza sobre una superficie de Jack, y sale la cara de un viejo rompiendo el whisky en su superficie;
nadando como él..
soñando como él...
riendo como él...

¿Qué hay de nuevo, viejo? pregunta el niño
y el viejo sonríe.
De espaldas se va a un rincón,
apoya los brazos sobre el borde en ele del vaso y sonríe.
No hay nada nuevo, piensa...
soy yo mismo, todavía.