Lenguaje
Supongo que hablabas
el mismo lenguaje.
La forma en que tu luz
colonizaba los lugares,
y se imponía,
y reinaba,
hasta elegir entre los destellos y las sombras
la proporción adecuada;
aunque para entonces ya no importase
porque ya solo
existías tú.
Y el sonido de tus tacones
reverberando en la escalera;
dialogaba, entrecortado,
con el canto filoso de la lluvia,
y anunciaba, sin decoro,
que otra vez, durante un instante,
y sin pedir permiso,
ibas a parar el mundo.
Articulabas los silencios
en torno a las dudas,
tus labios pronunciaban el deseo,
y tu voz lo proyectaba en el vacío.
Y hacías verbo de la carne,
y volvías luz
la más insondable oscuridad.
Y eras ausencia,
y consuelo al mismo tiempo,
la pregunta eternamente repetida,
la respuesta nunca hallada:
y lo eras todo, y estabas siempre,
porque hablabas el mismo idioma:
la lengua prohibida,
de las flores silvestres.
Comentarios