8


Demasiado humano, pensé.
Antes de darme el último beso,
dejó que la noche sembrara 
el cielo de estrellas.
Me abrazaba al mismo tiempo 
que la oscuridad
se derramaba sobre la ciudad insomne.

Me pidió que cerrara los ojos
mientras asomaba sonriendo
dos afilados colmillos.
Me miraba desde el filo del tejado,
con los brazos abiertos 
y las piernas cruzadas.

Demasiado humano, pensé.
Antes de darme el último beso
me pidió que saltara al vacío.
Te prometo que no te dejaré caer,
susurró,
prométeme que no me pedirás 
que vuelva a saltar, murmuré,
el eterno retorno, contestó,
y sonrió.

Antes de darme el último beso,
demasiado humano, pensé,
y mientras me mordía en el cuello
tuve un sueño de luz 
en el que sentía que caía hacia arriba.

Te prometo que no te dejaré caer,
y mientras contemplaba el abismo
el abismo me devolvía la mirada;
y mientras la noche agonizaba
y el horizonte se empezaba 
a resquebrajar,
noté pesada la piel y desgarrador el alba:
ella había desaparecido,
y yo había saltado sin llegar a caer.
Me habían salido los dientes
soñando con lanzarme al vacío;
nunca más la volvería a ver,
nunca más podría contemplar
la pura luz del sol.

Comentarios

Entradas populares